martes, 30 de octubre de 2012

Issei Sagawa, el canibal japones.

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    Una cena memorable

    Issei Sagawa nació un 11 de Junio de 1949 en un Japón desolado y hambriento tras la guerra. Pese a nacer en el seno de una familia de empresarios acaudalados, en los primeros años de su infancia conoció muy de cerca la cultura de la “supervivencia” en su país. Era un niño pequeño y de aspecto débil y enclenque. El mismo se autocalificaría años después como: “pequeño, feo, con manos pequeñas y pies diminutos”.
    Con tan solo cinco años, unas terribles pesadillas atormentaban al pequeño Issei todas las noches. En sus pesadillas se veía a él mismo en el interior de una enorme cacerola con agua hirviente. Trataba de huir, pero no lo conseguía y, lentamente se cocía dentro del agua hasta que alguien lo sacaba de allí, pero no para salvarlo, si no para devorarlo sin compasión.
    Estas pesadillas infantiles lo traumatizaron profundamente y fueron la mecha de sus posteriores actos caníbales.
    Sagawa tenía dos grandes pasiones, el Sushi y las mujeres occidentales. Le volvían locos aquellos cuerpos esculturales que veía de vez en cuando por las calles de Tokio. Altas, rubias, esbeltas… pero lo que más idolatraba era su piel… su piel blanca, suave y tersa. No lo podía resistir y no tardó en trazar un plan para poder estar rodeado de esas mujeres con las que el soñaba.
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    A finales de los setenta, la empresa familiar del padre de Sagawa ya había recuperado el poderío económico perdido en la guerra e Issei había disfrutado de una juventud bastante cómoda. Era un tipo inteligente y se había licenciado en literatura, aparte de ser todo un experto  y amante del arte en casi todas sus variantes. Su padre se puso más que contento cuando Issei le  dijo que quería continuar con sus estudios en la Sorbona, y no dudó en financiarle todos los proyectos. De este modo, el joven Issei adquiriría excelentes conocimientos para heredar y dirigir la empresa familiar a su vuelta.
    De este modo, a finales de los setenta Issei se matricula en Literatura comparada en la universidad parisina y por fin cumple su sueño de verse rodeado de esas pieles casi etéreas con las que ha soñado durante treinta años. Su gozo es tremendo, pero ahora que las tiene tan cerca necesita algo más, necesita tocarlas, olerlas… mmmm… quizás saborearlas con el mismo deleite con el que saborea su preciado sushi.
    Y como caída del cielo, en 1981 conoce a Rennée Hartevelt, una joven Holandesa que cuadra perfectamente con su perfil. Alta, ojos claros, rubia, esbelta y con la piel más blanca y tersa que jamás ha visto. De tan solo imaginar el roce de su piel a Issei se le disparan sus más perversos sueños.
    Rennée es una estudiante abierta y vanguardista, hace poco que ha llegado a París y no conoce a mucha gente. La joven encuentra en Sagawa a un amigo ideal, pues ambos comparten el mismo amor por el arte y la literatura. Durante unos meses, no queda teatro, parque o exposición que ambos no visiten en compañía, incluso en alguna ocasión se les ve bailar en alguna famosa sala parisina. Hasta que una noche, Issei decide ir un poco más allá e invita a Rennée a cenar en su casa.
    Sushi, un poco de buen vino… música de fondo. El escenario está preparado para que Issei pueda acariciar por primera vez su piel soñada y, en mitad de la cena, con la escusa de ir a por un poco más de vino va hasta la cocina y retorna con una pistola y, sin pensarlo dos veces, apunta al largo cuello de Rennée y la mata de un certero disparo.
    ¡Por fin! El cuerpo desnudo de la joven holandesa yace en el suelo ante Issei, que lo contempla totalmente extasiado. Pero éste no tiene ninguna apetencia sexual ante tan bello cuerpo, más bien, su apetencia es gastronómica. Sin prisas, analiza todas las zonas del cuerpo y al final se decide por la cadera derecha… no sabe muy bien por qué, pero le parece la zona más apetecible en ese momento.
    Aquí comienza el episodio más cruel de esta historia, Sagawa se lanza enloquecido hacia su segundo plato de la noche asestándole un tremendo bocado en la cadera, pero vaya, la falta de experiencia casi le hace dejarse algún diente en el intento. Tras el esfuerzo, tan apenas ha dejado unas marcas en la piel de Rennée. Analizando la situación, vuelve a la cocina y busca su mejor cuchillo. Ahora sí, lentamente va cortando pequeños trozos de carne que va comiendo con total placer y deleite. El mismo escribiría tiempo atrás en sus memorias: “la carne se deshacía en mi boca, como el sushi. Nunca pude pensar que esto fuera tan exquisito”.
    Sin prisa, va cortando y comiéndose a su buena amiga hasta que ya no puede más y decide dejar el resto para más tarde. Durante varios días, el caníbal japonés se alimentaría casi exclusivamente del cuerpo de la holandesa hasta que considera que ya ha terminado con todas las zonas comestibles.
    Introduce los restos que han quedado en un par de viejas maletas y busca un lugar donde deshacerse de ellas. Por la noche se dirige a un lago existente en los bosques de Bolonia, lugar verde de paseo y esparcimiento para los parisinos, y allí, lanza las dos maletas sin que nadie lo vea. Pero el lago tiene una profundidad demasiado escasa y, a los pocos días, una pareja que pasea por el lugar encuentra las maquiavélicas valijas, al ver que de una de ellas sobresalía una mano y un pie, avisan horrorizados a los gendarmes rápidamente.
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    La policía no tarda mucho en cerrar el círculo de sospechosos del salvaje crimen, y cuando se presentan en casa de Issai, éste lo confiesa absolutamente todo con total frialdad.
    A partir de aquí, se encadenan una serie de acontecimientos sin mucho sentido. Primero, tras la supervisión de tres psicólogos, Sagawa es tomado como demente y juzgado como tal, internándolo en la institución Paul Guiraud de París. “La estancia en aquel lugar fue horrible, allí estaban todos locos”, confesaría Sagawa. El nunca se consideró loco ni se hizo pasar por ello, sus actos siempre fueron voluntarios y en estado de total conciencia y lucidez.
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    Pasados unos meses, el segundo sin sentido del caso, Issei contrae una enfermedad, que no es más que una inflamación intestinal y que es diagnosticada por los médicos, ni más ni menos que como una encefalitis avanzada. El veredicto del equipo médico le vaticina unas pocas semanas de vida. El padre de Issei, hombre poderoso y con muchas influencias, consigue que el caníbal moribundo sea trasladado a Tokio, allí continuará recluido en una institución psiquiátrica de alta seguridad, pero por lo menos, morirá en tierra japonesa. El gobierno francés no se opone al traslado, pues al fin y al cabo, quedándole pocas semanas de vida, lo ven como un simple adelanto del trayecto.
    De modo que Issei es trasladado al hospital Matsuzawa de Tokio. Y claro, como era de esperar, no muere. Ahora, el caníbal confeso se encuentra en una situación insólita, pues en Japón no tiene ninguna causa pendiente y en Francia se han retirado todas las causas contra él ante su inminente muerte.
    Tras tan solo cinco años de cautiverio, Issei Sagawa está libre de toda culpa y queda en total libertad. El caso de este hombre recorrió todos los rincones de Japón, pues él mismo nunca escatimó en ningún detalle de lo sucedido. Para él, comerse a Rennée fue el sumun del placer que un humano puede conseguir en la vida.
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    Cuando queda en libertad estalla la locura mediática en el país. El prestigioso dramaturgo Okawa, publicaría “Cartas a Sagawa”, relatando los tétricos hechos y vendería más de 300000 ejemplares un poco tiempo. El propio Sagawa escribiría tiempo después sus propias memorias con todo lujo de detalles tituladas “En la niebla”, donde reservaría más de cuarenta páginas para describir como dio cuenta de la pobre Rennée. Este libro fue todo un delirio en Japón vendiendo más de 200000 ejemplares en tan apenas un mes. Entrevistas televisivas, exclusivas, reportajes… el “padrino del canibalismo”, como se le conocería en aquel tiempo, se hace casi millonario explotando su terrible y cruel asesinato.
    En algunos programas de televisión incluso se le trata como a un héroe, ironizando todos y cada uno de los pasajes de tan brutal asesinato. El morbo no queda en Japón, y entrevistas de Sagawa en televisiones extranjeras están a punto de crear verdaderos problemas diplomáticos entre Francia, Holanda y los países que emiten dichas entrevistas.
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    Sagawa ha publicado muchos más libros desde entonces, todos ellos relacionados con el canibalismo y en cierto modo, haciendo una clara apología de él. Todos ellos se han convertido en auténticos Best Sellers a nivel mundial. El más conocido “Me la comí por fetichismo”, es otra obra detallada de los sucesos descritos.  En Japón está tratado como un escritor excepcional y, tras casi treinta años de aquellos sucesos, todavía sigue ganándose la vida gracias a ellos. Tambien expone sus obras pictóricas, en las cuales suele mostrar mujeres de piel blanca y cuerpos voluptuosos, y es un contertulio común en diferentes programas de televisión.
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    Sagawa atribuye todos sus actos a aquellas pesadillas que le atormentaron de pequeño y que, como él relata, le llevaron a comerse a Rennée de modo casi obligatorio. 
    Personalmente, lo de las pesadillas me parecen un cuento chino, o más bien, una fábula japonesa. Pero tras conocer la historia de este psicópata mediático, lo que más miedo me da es la reacción de la sociedad japonesa ante todo lo sucedido, sin guardar el más mínimo respeto por la familia de la joven Rennée Hartevelt, que tuvo que sufrir por triplicado; primero la muerte de un modo tan horrendo de su hija, segundo, la incompetencia de las autoridades francesas dejando marchar a este asesino y, tercero, ver al asesino de su hija tratado como un héroe nacional y relatando con pelos y señales y en todos los medios posibles, tan dolorosos recuerdos.
    Por lo menos, lo único que cabe esperar es que no aparezca ningún fan de Sagawa dispuesto a seguir los mismos pasos del afamado caníbal. De todos es sabido que los japoneses son bastante dados a las copias y, a ser posible, mejoradas.



    martes, 23 de octubre de 2012

    La bestia de Gévaudan

    Crónica de los crímenes de un monstruo real

    La bestia - desconocido
    La bestia - desconocido
    En muchas ocasiones sucede que alguien o algo no cuadra mucho con el lugar donde se encuentra y, en ocasiones puede llegar a ser verdaderamente terrorífico.
    En Francia corría la primavera del año 1764. Se trataba de la antesala de la Revolución Francesa y los ánimos se encontraban al rojo vivo y se respiraba un ambiente enrarecido propiciado por la precaria situación de la clase baja francesa y el creciente odio hacia la institución de la monarquía.
    Las gentes de Gévaudan vivían preocupadas en sus quehaceres diarios bajo el yugo de la nobleza cuando una serie de ataques encadenados sembró el terror en los corazones de aquellos campesinos.

    Primeras víctimas de la bestia

    La primera constancia que se tiene del ataque no sirvió, sin embargo, para que se le diese importancia al hecho.
    Se cuenta que una joven pastorcita fue atacada por un ser de monstruosas dimensiones. Afortunadamente, la chica consiguió escapar y dio cuenta a loas autoridades las cuales, lejos de tomar cartas en el asunto, olvidaron el tema.
    Unos días más tarde, la joven Jeanne Boulet, es encontrada semidevorada por un animal. Empieza así la lucha a vida o muerte entre la bestia y los habitantes del área de Gévaudan.

    Un ser monstruosamente grande y fiero

    Los habitantes de esta región ya no dudan de la existencia de lo que ellos llaman "la bestia". Sin embargo, y aunque las víctimas mortales se suceden por todos los confines de la comarca, no se tienen descripciones fidedignas que den una idea aproximada del ser al que se enfrentan.
    Durante tres largos años, la bestia campa a sus anchas sembrando el pánico por doquier y llenando los cementerios con los restos de sus víctimas y, pronto, la fantasía de los campesinos se dispara.
    Personas que han tenido la enorme fortuna de escapar de sus garras describen a este ser como un animal del tamaño de un burro de color cobrizo dotado de una agilidad tremenda y armado con grandes fauces y garras.

    Batidas para acabar con la bestia

    Debido a la situación, el rey Luis XV, decide mandar varios escuadrones de Dragones, un grupo de élite, con la esperanza de acabar con el sufrimiento de sus súbditos.
    Pronto comprueban que aquel animal, además de fiero, es tremendamente escurridizo, burlando siempre a sus captores.
    Ante el fracaso, el rey decide ofrecer suculentas recompensas para quien cace al monstruo. Acuden a la llamada cazadores de diferentes partes de Francia e incluso de fuera de ella, sin lograr resultados positivos.

    El demonio se pasea por Gévaudan

    En vista de las cacerías fallidas, los párrocos empiezan a utilizar sus sermones para tratar de explicar aquellos sucesos. Creen sinceramente que el diablo ha subido desde los infiernos para castigar a los pecadores. Se llegan a ordenar rezos públicos para tratar de apaciguar a Satanás.
    Mientras tanto, las batidas merman a los lobos de la zona debido a la caza indiscriminada que sufren.

    La farsa del Rey

    En 1765, Antoine Beauterne, hombre de confianza del mismísimo rey consigue capturar un gran ejemplar de lobo que, según asegura, se trata de la bestia.
    Él mismo se encarga de disecar la pieza y se sirve de sus trucos de taxidermista para aumentar tanto el tamaño como la fiereza del animal.
    La bestia es expuesta en Versalles para asombro del monarca. Beauterne es agasajado y condecorado y parece que, al fin, las muertes han cesado en Gévaudan.
    Sin embargo, en marzo de 1766, las muertes brotan de nuevo descubriéndose que la bestia de Beauterne no es más que un fraude.

    El verdadero fin del monstruo

    Jean Chastel, un cazador experimentado, lleva tres balas de plata que se han hecho fundiendo medallas de la Virgen.
    En junio de 1767, después de que un niño muriese a manos de la bestia, se organiza una batida en el bosque de Teynàzere. La leyenda cuenta que Chastel recita oraciones a la Virgen mientras acecha a su presa, la cual acude a su encuentro en campo abierto. Chastel abre fuego y acaba así con la bestia.
    Según la documentación recopilada por el párroco Francois Fabre en 1901, se contabilizan 70 vícitmas mortales más 27 heridos en el haber de este animal.

    El misterio sigue aún hoy

    ¿Qué clase de animal era? La autopsia realizada en aquella época demostró que se trataba de un enorme lobo de unos 65 kilos de peso. El esqueleto de este animal estuvo expuesto en el Museo de Ciencias Naturales de París hasta que se destruyó a causa del incendio de 1830.
    No se sabe realmente qué fue aquella bestia. Pudo ser un lobo, pero otras hipótesis apuntan a que se trataba de un león traído de África o, según parece la más acertada, que se tratase de un híbrido, un cruce entre dos especies dando como resultado este ser monstruoso.
    La comarca francesa de Gévaudan sigue recordando aquellos días oscuros y nadie duda de que, la bestia, no fue ninguna leyenda.

    FUENTE



    Se Feliz.

    martes, 16 de octubre de 2012

    El suicidio de la secta de Jones en Guyana


    El 18 de noviembre de 1978, el mundo se estremecía con las  imágenes del suicidio de 913 estadounidenses, miembros de la secta Templo del Pueblo. El relato de una sobreviviente.
    El fanatismo al reverendo Jones terminó en una tragedia.
    Creía ser la reencarnación de Lenin, Jesucristo y Buda.
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    t.gif (67 bytes)  Fue el suicidio colectivo más trágico de la historia contemporánea.  El 18 de noviembre de 1978, 913 estadounidenses miembros de la secta Templo del Pueblo murieron colectivamente tomando cianuro en la jungla de Guyana, cerca de la frontera con Venezuela. Si lo hicieron forzada o voluntariamente, nunca se supo. Lo que sí está claro es que este episodio –que en aquel momento conmovió a ese país y al mundo entero– está casi olvidado ahora en Estados Unidos; sólo un puñado de familias y sobrevivientes han previsto volver hoy a la fosa común donde están enterrados más de 400 cuerpos, la mayoría no identificados, en el cementerio Evergreen de Oakland, en California.
    Inclusive, a pesar de sus esfuerzos, estos sobrevivientes no han podido reunir el dinero suficiente para construir un monumento en memoria de las víctimas. Hombres, mujeres y niños que siguieron a su líder espiritual Jim Jones para levantar un mundo ideal en la selva de Guyana.
    La colonia agrícola, bautizada Jonestown y que fue fundada en 1973, era para algunos el paradigma de la felicidad multirracial, con pretensiones igualitarias y dominada por un cuarentón con enorme carisma e ideas marxistas que creía ser la reencarnación de Lenin, Jesucristo y Buda. Jim Jones no sólo era fiable, además era rico y estaba ligado a algunos políticos californianos. Contaba entre sus amistades a Rosalyn Carter, la esposa de Jimmy Carter, presidente de Estados Unidos entre 1977 y 1981. Y al legislador estatal Willie Brown, actual alcalde de California.
    Pero en 1976 la colonia ya no era el paraíso soñado: “La gente tenía miedo de Jim Jones, trataba de huir. Una vez que llegabas, no te podías marchar”, explica Jynona Norwood, pastor de la Family Christian Cathedral, en Los Angeles. Veintisiete miembros de su familia se suicidaron.
    La idea del suicidio colectivo surgió tras el asesinato de un congresista de California, Leo Ryan, que fue a investigar la colonia a petición de algunos padres, inquietos porque sus hijos no volvían. Dos periodistas que lo acompañaban también fueron asesinados por miembros de la secta cuando se disponían a subir al avión de regreso. Al día siguiente, Jim Jones instó a los miembros de la colonia a cometer “no un suicidio, sino un acto revolucionario”, según una grabación encontrada en el lugar. Algunos estaban dispuestos: “No le tenemos miedo a la muerte”, escribió antes de morir uno de los suicidas. “Esperamos que el mundo se dé cuenta un día de los ideales de justicia e igualdad por los que vivió y murió Jim Jones.”

    Pero las madres se mostraban reticentes a envenenar a sus hijos con cianuro. Las protestas se sofocaron rápido y tres días más tarde, el mundo, conmocionado, descubrió las imágenes de centenares de cuerpos tendidos en la jungla, a menudo boca abajo.

    Este año, los hijos de Jim Jones, Stephan y Jim Junior, que no se encontraban en la comunidad el día del drama, han vuelto al lugar. “Era gente cariñosa y apasionada. Esta gente no hubiera tenido que morir”, explicó Stephan Jones a la cadena de televisión ABC, organizadora del viaje. “Pero hacia el final, a (Jim Jones) lo consumió su propia locura”, agregó. “El final fue horrible, pero pienso en lo que intentó construir”, asegura, por su parte, Jim Junior. La secta dejó de existir después del drama. Decenas de sobrevivientes (que huyeron justo antes) intentaron, a duras penas, reintegrarse en la sociedad a pesar de las “dudas, las acusaciones y la vergüenza”, confiesa Jynona Norwood.

    El drama de Jonestown, que seguirá siendo un misterio, no disuadió otros suicidios colectivos. En Estados Unidos, más de 80 miembros de la secta de los davidianos murieron en 1993 en el incendio, aparentemente voluntario, de su granja en Waco (Texas), que la policía había tomado por asalto. En Suiza y Québec, en octubre de 1994, dos grupos de miembros de la Orden del Templo Solar (OTS), en total 53 personas, también fueron encontrados muertos, antes de otro suicidio colectivo de la OTS, en 1995 en Francia. El suicidio colectivo más reciente es el de los 39 adeptos de la Puerta del Paraíso, en marzo de 1997, en California. En total, según la AFF(American Family Foundation, centro de investigaciones sobre las sectas), hay entre 3000 y 5000 grupos de este tipo en el mundo que reagrupan a entre 5 y 20 millones de miembros.

    La voz que oyó Deborah
    Deborah Layton vivió en Jonestown y teóricamente tendría que haber muerto allí, pero fue uno de los pocos miembros del Templo del Pueblo en salir con vida de la selva de Guyana. Layton fue también una de los pocos disidentes que había alertado sobre lo que se estaba preparando en la ciudad erigida por la secta. Pero sus advertencias no fueron suficientemente tenidas en cuenta.
    Desde su casa en las afueras de San Francisco, Layton se aventuró de nuevo a la oscuridad del Templo del Pueblo para intentar encontrar alguna explicación al abismo mortal al que se precipitaron cientos de sus ex camaradas. Sus esfuerzos para exhumar las memorias derivaron en un libro: Veneno seductivo: la historia de una sobreviviente de Jonestown sobre la vida y la muerte en el Templo del Pueblo. También la llevaron de nuevo al fatídico lugar de la jungla de Guyana.
    Su madre, que se había unido a la secta en parte para estar más cerca de ella, está enterrada allí. Murió de cáncer diez días antes de que Jim Jones realizara el último acto de su locura. Y su hermano, Larry, quien la había convencido para que entrara a la secta, cumple una sentencia a cadena perpetua. Es la única persona procesada por el mortal atentado contra el legislador californiano Leo Ryan y un grupo de periodistas en una pista de aterrizaje de Guyana.
    Layton huyó de Guyana en mayo de 1978. La que llegó a ser una de las principales ayudantes de Jones, cada vez se sentía más preocupada por la dirección hacia la que el adorado “Padre” conducía su rebaño. Layton explica que la huida fue una cuestión de hacer caso a su voz interior, una voz que Jones trataba de apagar con discursos delirantes. “Te decía que la voz era mala, que era la voz del egoísmo”, cuenta la mujer que le decía Jones. “Pero fue esa voz la que me salvó”, asegura, con vida, ahora.

    FUENTE


    martes, 9 de octubre de 2012

    Patty Hearst


    La noche del 4 de febrero de 1974, Patty Hearst, que tenía entonces 19 años, se encontraba con su prometido, Steven Weed, en su apartamento de Berkeley, California. En torno a las 9 de la noche llamaron a la puerta y, cuando Patty abrió, tres personas armadas, dos hombres y una mujer, empujaron la puerta y entraron por la fuerza. Golpearon a su prometido, que cayó al suelo, donde lo agredieron repetidamente con una botella de vino vacía, antes de maniatarlo. Un vecino que oyó el altercado y trató de intervenir corrió la misma suerte y fue agredido y maniatado.
    A ella la sacaron a rastras del edificio mientras soltaba patadas y gritaba, y la metieron en el maletero del coche en el que huyeron. Aunque se dispararon algunos tiros, tanto durante el asalto como en la posterior huida, nadie resultó herido. Más tarde se descubrió que las balas contenían cianuro, lo que permitió a la policía a identificar a los autores como miembros del ESL.
    El padre de Hearst, que se encontraba en Washington en el momento del secuestro, regresó a California, pero hubo que esperar dos días hasta que el ESL confirmase que la habían secuestrado, aunque no presentaron ninguna exigencia en ese momento.
    No fue hasta el 12 de febrero, ocho días después del secuestro, cuando DeFreeze hizo su primera reivindicación; exigió al padre de Hearst que repartiese alimentos a los pobres de la zona de San Francisco y de todo el país. Aunque, al principio, éste dijo que era imposible satisfacer tal exigencia, acabó por ceder tras hacerse pública una grabación magnetofónica de su hija. Creo una agencia de reparto de alimentos con el nombre People In Need (Personas Necesitadas) que distribuyó alimentos por valor de millones de dólares a lo largo del mes siguiente, lo cual, en un principio, estuvo a punto de generar disturbios en las calles. El ESL también exigió la publicación de una serie de comunicados políticos en los periódicos propiedad de Hearst. Durante este periodo, se distribuyeron un total de cuatro grabaciones magnetofónicas que contenían declaraciones de Patty Hearst en las que afirmaba que sus padres no estaban haciendo lo necesario para garantizar su liberación.
    Según Patty Hearst, la encerraron en un armario durante los primeros dos meses de su pesadilla y estuvo con los ojos vendados la mayor parte del tiempo, sometida a continuos abusos, tanto físicos como sexuales, por parte de DeFreeze y de otros secuaces. Le decían que en cualquier momento iba a morir, la obligaban a grabar los mensajes magnetofónicos para su familia bajo amenaza de más malos tratos y la apabullaban continuamente con propaganda del ESL, mostrando la opresión que padecía el ESL por los capitalistas como su padre. Patty pensaba que ello pudo acarrear que sufriese síndrome de Estocolmo, estado psicológico en el que las víctimas de secuestros desarrollan una dependencia respecto a sus secuestradores y se identifican con su causa, pese a haber sido sus víctimas. En un grado extremo, se han dado casos que acaban en complicidad con los raptores, hasta el punto de ayudarlos a huir. Deriva su nombre del atraco a un banco de Estocolmo en agosto de 1973 en el que las víctimas siguieron defendiendo a sus secuestradores incluso después de haber sido liberados.
    Quienes cuestionan esta versión han sostenido siempre que la posterior complicidad de Hearst en los atentados del ESL demostraba que participó en ellos voluntariamente y que no era una víctima. En cualquier caso, Hearst difundió otra grabación, la quinta, el 3 de abril, dos meses después del secuestro, en la que acusaba a su familia y se proclamaba miembro plenamente operativo del ESL e insistía en que, a partir de entonces, solo respondería por su nombre de guerrillera: Tania.
    La primera prueba concreta de su adhesión a la causa del ESL se obtuvo el 15 de abril. Se fotografió a Hearst durante el atraco a mano armada del banco Hibernia de Hollywood empuñando un rifle de asalto. La banda huyó con un botín de 10.000 dólares. El 24 de abril, Hearst difundió una nueva cinta en la que admitía haber tomado parte en el atraco y desmentía la versión de la prensa en la que se afirmaba que le habían lavado el cerebro, tildándola de ridícula. Hasta entonces, el FBI había considerado a Hearst testigo material en sus investigaciones. En ese momento se emitió una orden para proceder a su detención.
    Un mes después, el 16 de mayo, Hearst se implicó en un nuevo atraco; esperaba sentada, sola, en la furgoneta que había aparcado el ESL en el exterior del local de una tienda de deportes de Inglewood, Los Ángeles, y para evitar que detuviesen a sus compañeros, Emily y Bill Harris, por hurto, abrió fuego contra un dependiente. Se vieron obligados a huir en varios vehículos robados y a abandonar la furgoneta, de modo que tuvieron que separarse de sus compañeros del ESL esa noche. Resultó ser un golpe de suerte que les salvó la vida.
    Al día siguiente, el 17 de mayo de 1974, la policía de Los Ángeles logró, al fin, dar con el ESL en un apartamento en la calle East 54 de Compton, Los Ángeles, gracias a la pista que habían dejado varios tiques de aparcamiento no pagados que encontraron en la furgoneta abandonada. Al presentarse los agentes en el lugar, se produjo un tremendo tiroteo, delante de la prensa allí congregada, en la que murieron seis miembros de la banda, entre ellos, su cabecilla, DeFreeze. En un principio, se pensó que también Hearst se encontraba en la casa, pero, en realidad, había presenciado el asalto desde la habitación de un motel de Anaheim, California, con los Harris, a los que había rescatado el día anterior.
    El asalto había diezmado al ESL, de modo que Hearst difundió otra cinta el 7 de junio en la que ensalzaba a sus camaradas muertos y prometía seguir con su lucha. Ella y los Harris se pusieron en marcha para reclutar nuevos miembros en la cantera de los movimientos estudiantiles radicales de Berkeley, California. En los meses siguientes, anunciaron una alianza con el Frente de Liberación del Nuevo Mundo. Debido a que las fuerzas del orden les seguían la pista en California, se marcharon a Scranton, en Pensilvania, donde se refugiaron en una granja durante varios meses.
    La familia Hearst, sin noticias de su hija desde el mes de junio, retiró la recompensa de 50 000 dólares que había ofrecido a cambio de su regreso sana y salva.
    El 21 de abril de 1975, cuatro miembros del ESL atracaron un banco de Carmichael, California. En el atraco murió una transeúnte, Myrna Opsahl, de 42 años. Hearst no se encontraba entre los cuatro autores del atraco.
    Al fin, el 18 de septiembre de 1975, tras regresar a la costa oeste, Hearst fue detenida en San Francisco junto con sus compañeros del ESL Bill y Emily Harris, y Wendy Yoshimura. Cuando la llevaron a la comisaría de policía para tomarle los datos y el sargento le preguntó por su profesión, ella respondió: “guerrillera urbana”.

    Fuente


    jueves, 4 de octubre de 2012

    La misteriosa desaparición de Michael Rockefeller



    Creo que puedo hacerlo

    Estas fueron las últimas palabras que Michael Rockefeller le dirigió a su compañero, René Wassing, antes de abandonar la piragua volcada, a la que ambos se aferraban, y tratar de alcanzar a nado la costa, que se encontraba a más de 5 kilómetros de distancia. A Wassing le pareció una locura y trató de convencerlo para que esperase a que fuesen rescatados, pero Rockefeller era buen nadador y confió en poder llegar a tierra. Sin embargo, la suerte no iba a acompañarle.


    Michael Rockefeller, hijo del entonces gobernador de Nueva York (y futuro vicepresidente de Estados Unidos) Nelson Rockefeller, desapareció sin dejar rastro el 17 de noviembre de 1961, en una expedición en el Asmat, región del suroeste de Nueva Guinea.

    Michael no quería vivir la cómoda vida que le estaba destinada al pertenecer a la acaudalada familia Rockefeller. Graduado por Harvard en 1960, decidió participar en una expedición, que organizaba su Universidad y el Museo Peabody de Arqueología y Etnología, para fotografiar y estudiar las costumbres de los Dani, una tribu de Nueva Guinea occidental. Tras regresar a casa, decidió organizar una nueva expedición para fotografiar a los Asmat, otra tribu de Nueva Guinea, y recoger y estudiar su arte
    Tengo el deseo de hacer algo aventurero -explicó-.



    Fotografía de Rockefeller, realizada el 2 de agosto de 1961


    Otra de las fotografías de Rockefeller

    El 17 de noviembre de 1961, Rockefeller y el antropólogo holandés René Wassing se encontraban a unos 5 kilómetros de la costa cuando su piragua, accidentalmente, se inundó y volcó. Los dos guías locales que les acompañaban se lanzaron al agua en busca de ayuda pero el tiempo fue pasando y Rockefeller comenzó a impacientarse. Después de permanecer toda la noche agarrados a la piragua, Rockefeller, convencido de que los guías habían muerto, le comunicó a Wassing que iba a intentar llegar nadando hasta la orilla.

    Como ya dijimos, su compañero de expedición no consiguió convencerlo para que esperase un poco más. Wassing, que no era buen nadador, no quiso correr el riesgo de ahogarse y, sin duda, al decidir quedarse agarrado a la piragua escogió la mejor opción porque fue rescatado sólo 8 horas después de que Rockefeller se fuera. Los guías lograron llegar a la orilla pero se retrasaron en volver porque les llevó todo un día llegar al pueblo más cercano a través de la selva. Rockefeller nunca fue vista de nuevo, a pesar de un intenso y prolongado esfuerzo de búsqueda.

    En aquel momento, la desaparición de Rockefeller se convirtió en una de las principales noticias del mundo. La juventud de Michael (sólo tenía 23 años) y la familia a la que pertenecía hicieron que la prensa se interesara enormemente por este suceso. Pero las investigaciones que se llevaron a cabo sólo permitieron especular sobre el tema porque el cuerpo nunca fue encontrado.


    La opinión más extendida sostiene que Rockefeller se ahogó o fue atacado por tiburones. Sin embargo, hubo quienes llegaron a afirmar que pudo ser capturado y asesinado por tribus que, en aquella época, todavía practicaban el canibalismo o eran cazadores de cabezas. En los años inmediatamente posteriores a su desaparición, también surgió en los periódicos el rumor de la existencia de un hombre blanco que vivía entre la población local.

    En 1969, el periodista Milt Machlin viajó a Nueva Guinea para investigar la desaparición de Rockefeller. En su libro, La búsqueda de Michael Rockefeller (1972), afirmaba:
    Creo que fue asesinado casi inmediatamente después de llegar a la costa

    En Nueva Guinea, Machlin fue abordado por un traficante australiano, llamado Donahue, que le hizo una sorprendente pregunta:
    ¿Qué me dirías si te dijera que vi a Michael Rockefeller vivo, no hace diez semanas?

    Donahue dijo haberlo visto en una aldea remota, en la isla de Kanapua. Allí, en una pequeña choza, un hombre blanco con una larga barba roja y las dos piernas rotas lo miró con desesperación a través de los cristales resquebrajados de sus gafas y le dijo:
    Mi nombre es Michael Rockefeller… Por favor... ¡ayúdame!

    Machlin, sin embargo, consideró poco probable que esta historia fuese cierta y rechazó la idea de que Rockefeller pudiera seguir vivo en alguna tribu y sostuvo que existían pruebas circunstanciales para apoyar la idea de que fue asesinado. Varios dirigentes de los Otsjanep, donde Rockefeller probablemente habría llegado si hubiera alcanzado la orilla, fueron asesinados por holandeses en 1958 y, por tanto, tendrían motivos de venganza contra alguien de la "tribu blanca".

    En su libro, Rocky va hacia el oeste, Paul Toohey afirmaba que, en 1979, la madre de Rockefeller contrató a un investigador privado para ir a Nueva Guinea y tratar de resolver el misterio de la desaparición de su hijo. La fiabilidad de la historia ha sido cuestionada, pero Toohey llegó a sostener que el investigador privado consiguió cráneos pertenecientes a tres hombres blancos. El investigador regresó a Nueva York y entregó estos cráneos a la familia, convencido de que uno de ellos pertenecía a Rockefeller. La familia nunca ha confirmado esta historia, de manera que no deja de ser una especulación más sobre la muerte de Rockefeller.

    En 1964, Michael Rockefeller fue declarado oficialmente muerto.

    Rockefeller dejó un importante legado cultural. Muchos de los objetos del arte de los Asmat forman parte de la colección de Michael C. Rockefeller, que se encuentra en el Museo Metropolitano de Nueva York.



    Por otro lado, el Museo Peabody ha exhibido 3.500 fotografías tomadas por Rockefeller en su expedición a Nueva Guinea, en las que no sólo se captura la esencia del pueblo Dani sino también la sensibilidad artística de este joven lleno de curiosidad y de ganas de vivir.

    Fuente

     

    lunes, 1 de octubre de 2012

    Los trabajos de Hércules.


               El primer trabajo que Euristeo ordena a Hércules es traerle la piel del león de Nemea.
            Hércules se pone en camino hacia Nemea, que está a unos veinte kilómetros de Tirinto, y llegado a Cleonas se aloja en casa de un trabajador llamado Molorco, a quien ve dispuesto a ofrecer un sacrificio a Zeus Salvador.
             Hércules le disuade de hacer entonces el sacrificio, convenciéndole de que espere treinta días, al término de los cuales si Hércules regresa vencedor debía Molorco ofrecer en efecto el sacrificio a Zeus Salvador, y en caso de que Hércules pereciese en el intento, ofrecérselo al propio Hércules en calidad de héroe. A continuación se encamina a los parajes frecuentados por el león, a quien encuentra, y empieza por dispararle sus flechas, no sabiendo que la fiera era invulnerable. Pero a ver que las flechas le rebotaban en la piel, lo persigue con la maza acorralándole en una cueva que tenía dos salidas; después de cegar una de ellas penetra en la cueva, y pasándole el brazo por el cuello lo ahoga o estrangula. Se dispone después a desollarlo, cosa que no consigue hasta que se le ocurre hacer el primer desgarro con las propias uñas de la fiera.
             Hércules regresa a casa de Molorco, llevando la piel del león, precisamente el último día del plazo convenido y cuando ya Molorco se disponía a ofrecerle el sacrificio como héroe; juntos, entonces, ofrecen el sacrificio a Zeus Salvador. A continuación Hércules lleva la piel del león a Euristeo, quien es presa de tal pavor, que ordena que en lo sucesivo Hércules se quede en las afueras de la ciudad y espere allí las órdenes referentes a los subsiguientes y sucesivos trabajos, que él le dará por mediación del heraldo Copreo, mientras él, por su parte, Euristeo, se encierra en una tinaja que manda poner en un sótano, para encontrarse así a cubierto y resguardado de Hércules y de las fieras que él mismo le manda traer, muertas unas, vivas otras. Euristeo es, así, el gran cobarde de la mitología hercúlea, figura odiosa en todo caso, aunque esta odiosidad pudiera mitigarse por ser el instrumento de Hera.
               Por mediación, pues, de Corpeo ordena Euristeo a Hércules el segundo trabajo, consistente en dar muerte a la Hidra en Lerna.
             Hércules monta en un carro conducido por su fiel sobrino Iolao, y llega a las inmediaciones de Lerna, y precisamente junto a la fuente Amimone, donde se encontraba el escondrijo de la Hidra. La obliga a salir de su escondite arrojándole flechas encendidas, y con la maza le corta las cabezas, pero sin lograr ventaja alguna, pues brotaban dos por cada una que cortaba. La Hidra se enrosca además en una de las piernas de Hércules, y por otra parte surge un cangrejo gigantesco, enviado por Hera, que como aliado de la Hidra ataca también a Hércules, quien llama por su parte como aliado a Iolao después de dar muerte al cangrejo. Iolao enciende parte del bosque inmediato, y con los tizones quema los cuellos de la Hidra impidiendo así que proliferen las cabezas. Hércules entonces le corta por fin la cabeza inmortal, la entierra colocando encima una pesada roca, abre en canal el cuerpo de la Hidra y sumerge sus flechas en la bilis de ésta, haciéndolas empaparse e impregnarse bien del veneno del monstruo. Esta operación es de consecuencias fatales y decisivas, pues en lo sucesivo las flechas de Hércules, gracias al veneno de la Hidra, producirán heridas necesariamente mortales para los mortales y necesariamente incurables para los inmortales, siendo causa del paso de dios a mortal del Centauro Quirón, de la muerte de la mayoría de los Centauros, y en especial de la del Centauro Neso, que traerá como consecuencia, algún tiempo después, la muerte del propio Hércules por el veneno de una de sus propias flechas; y andando el tiempo, la utilización de estas flechas en el sitio de Troya, imprescindible para la conquista de la ciudad, y en particular la muerte de Paris por una de ellas, disparada por Filoctetes. Así es, pues, como dio cima a Hércules a este segundo trabajo; pero Euristeo, alegando que no podía ser válido por no haberlo realizado Hércules solo sino con la ayuda de Iolao, lo excluye de la cuenta de los diez por él ordenados.
           
      El tercer trabajo que ordena Euristeo a Hércules es traer viva a Micenas la cierva de Cerinía, comúnmente llamada la cierva de los cuernos de oro. Pues bien, estaba esta cierva consagrada a Ártemis, y esa parece ser en el mito la causa que se le ordenara traerla viva, y de que, por añadidura, no quisiera tampoco Hércules herirla. La persigue, así, cuidadosamente, durando un año entero la persecución, hasta que al fin la captura, no sin embargo sin dispararle últimamente una flecha, en el momento en que la cierva estaba pasando el río Ladón; y cargándosela sobre los hombros la transporta a través de Arcadia en dirección a Micenas. Durante este viaje de retorno con la cierva a cuestas, se encuentra Hércules con Apolo y Ártemis; ésta le echa en cara su intento de dar muerte a un animal que le estaba consagrado, e intenta, a su vez, arrebatárselo a Hércules; pero éste se disculpa alegando la necesidad en que se encuentra de obedecer a Euristeo, con lo que la diosa se aplaca y le permite que se la lleve, como en efecto lo hace, logrando hacerla llegar viva a Micenas.
              
    Otra vista espectacular del templo de Hércules en Agrigento, Sicilia, Italia
              
      
                 Como cuarto trabajo ordena Euristeo a Hércules traer, también vivo, al jabalí del Erimanto, animal que devastaba la Psofide. Este trabajo es poco significativo o importante en sí mismo, pero célebre en cambio por un episodio accesorio, que es el siguiente. En su camino hacia el Erimanto (montaña de Arcadia) Hércules se hospeda en Fóloe, en casa del centauro Folo, hijo de Isleño y de una ninfa Melia. Folo ofrece a Hércules carne asada, mientras él mismo la toma cruda. Hércules pide vino, a pesar de su amabilidad (sólo él y Quirón son buenos entre los Centauros), le dice que le parece peligroso abrir el tonel que es propiedad común de los Centauros; pero Hércules insiste, Folo lo abre, y al olor del vino acuden los Centauros armados de rocas y abetos. Hércules rechaza a los dos primeros, Anquio y Agrio, con tizones encendidos, y a los demás los persigue a flechazo hasta el promontorio Malea, en el extremo Sur del Peloponeso. Los Centauros se amparaban detrás de Quirón, y una flecha lanzada contra uno de ellos, Élato, le atraviesa el brazo y va a clavarse en la rodilla de Quirón, causando enorme disgusto a Hércules, que corre a sacársela y le aplica un remedio que le proporciona el propio Quirón. Pero la herida era incurable por ser Quirón inmortal, y éste, agobiado por los terribles dolores que le producían, pide a Zeus que le haga morir para que cesen sus sufrimientos. Parecía esto imposible, pero se consigue gracias a la intervención de Prometeo, que se ofrece en lugar de Quirón.
               De los restantes Centauros, la mayoría de los que lograron escapar fueron acogidos por Posidón en un monte próximo a Eleusis; uno de los supervivientes, llamado Euritón, se refugia en Fóloe, y luego veremos como muere al fin también en manos de Hércules. Pero el más famoso de esos supervivientes es Neso, que llega al río Eveno, en Etolia, y allí permanecerá hasta que al fin lo aniquile igualmente Hércules, ya hacia el fin de la vida de éste. En cuanto a Folo, arranca de uno de los muertos una flecha y se pone a examinarla, maravillándose de que siendo tan pequeña pueda dar muerte a seres tan gigantescos como son ellos, los Centauros; pero mientras la está observando se le resbala de la mano, le cae en un pie y lo mata en el acto.
              Hércules en su regreso a Fóloe da honrosa sepultura al buen Centauro Folo, tras de lo cual parte por fin en busca del jabalí, lo persigue y acosa hasta hacerlo meterse en un paraje donde la nieve es muy profunda, estando ya el animal fatigado, lo captura a lazo, y lo lleva vivo a Micenas. Los dientes de este jabalí pretendían poseerlos, en época histórica, guardados en un templo de Apolo, los habitantes de Cumas.
               Como quinto trabajo recibe Hércules la orden de limpiar los establos del rey Augías sacando en un solo día todo el estiércol. Era Augías rey de la Élide, hijo ya sea del sol, ya de Posidón, ya de Forbante, y poseía enormes rebaños. A él se presenta Hércules, pero en lugar de manifestarle que viene por orden de Euristeo, se lo oculta, y pacta con él la limpieza de los establos en un solo día al precio de la décima parte del ganado. Augías accede a este pacto porque no cree a Hércules capaz de cumplirla así, pero como testigo del pacto actúa el propio hijo de Augías, Fileo. Hércules abre un canal en los cimientos del establo, y, desviando el curso de los ríos Alfeo y Peneo, logra hacerlos pasar por los establos y que su impetuosa corriente arrastre el estiércol, quedando así limpios en un solo día los establos. Pero Augías, que se ha enterado de lo que ha hecho por orden de Euristeo, se niega a entregarle el salario convenido, mostrándose dispuesto a acudir a juicio. En el juicio Fileo testimonia contra su padre y a favor de Hércules, por lo que Augías, encolerizado, los expulsa de su reino a los dos. Fileo va a establecerse a la isla de Duliquio. Hércules marcha por el momento a casa de Dexámeno, libera a la hija de éste, Mnesímaca, de la necesidad de casarse a viva fuerza con el Centauro Euritión, que a ello quería obligarla, dando muerte al Centauro.
    Templo de Hércules en Agrigento, Sicilia, Italia
             En cuanto a la limpieza de los establos de Augías, este trabajo fue doblemente inútil para Hércules, pues si por una parte, como hemos visto, Augías se negó a pagarle el precio convenido, alegando que tenía que hacerlo de todos modos por estar al servicio de Euristeo, a su vez este se negó a darle validez, alegando que lo había hecho mediante contrato con Augías, por lo que, lo mismo que el segundo trabajo, quedó excluido de la cuenta; y son, así, los trabajos segundo y quinto los que, al no ser aceptados como válidos por Euristeo, dan lugar a que este exiga otros dos más en su lugar y a que resulten doce en total.
             El sexto trabajo ordenado por Euristeo fue ahuyentar a las aves del Estinfalo, lago de Arcadia rodeado de espesa selva, en las que se refugiaban, huyendo de los lobos, innumerables aves. No sabiendo Hércules como hacerlas salir de la espesura, le da Atenea unas castañuelas de bronce que a su vez había ella recibido de Hefesto. Las hace sonar, y las aves, espantadas, emprenden el vuelo; Hércules entonces las abate a flechazos.
              El séptimo trabajo consistió en traer vivo de Creta un toro que, según Acusilao, sería el que había transportado a la princesa Europa para llevarla a presencia de Zeus, se trataba del toro que hizo brotar del mar Posidón cuando Minos prometió sacrificar lo que del mar saliese; pues habiendo, en efecto, salido prodigiosamente un magnífico toro, Minos, admirado de su belleza, no quiso sacrificarlo, enviándolo a engrosar sus rebaños y sacrificando otro en su lugar; Posidón, irritado, hizo salvaje al toro, pero, sobre todo, se tomó contra Minos la refinada venganza de hacer que su esposa Pasifae, hija del sol, se enamorase del toro, y de manera tan perdida, que consiguió, gracias a la ayuda de Dédalo, llegar a la consumación de este amor bestial, concibiendo del toro el monstruo llamado Minotauro. Pues bien, de este toro monstruosamente amado por Pasifae es del que explícitamente dicen Diodoro e Higinio que fue el que Euristeo mando a Hércules traer. Hércules se presenta a Minos y le expone su misión; Minos le autoriza capturarlo si puede. Así lo hace Hércules, se lo lleva a Euristeo (cruzando el mar Egeo a lomos del toro según Diodoro), y, después de mostrárselo, lo deja suelto. El toro recorre el Peloponeso, atraviesa el Istmo y acaba por establecerse en el Ática, en Maratón, donde causa estragos y algún tiempo después lo matará Teseo en lo que será una de las más famosas hazañas de éste.
                 El octavo trabajo consistió en traer a Micenas las yeguas antropófagas de Diomedes, rey de Tracia e hijo de Ares, poseedor de unas yeguas a las que había enseñado a alimentarse de la carne de sus huéspedes.
              Hércules parte acompañado de algunos voluntarios, y durante su viaje de ida hace alto en Feras de Tesalia, en el palacio del rey Admeto, a cuya esposa Alcestis libera de los brazos de la Muerte.
                 Continúa este su viaje y al llegar a Tracia, al país de los Bístones, que eran los súbditos de Diomedes, fuerza la entrada a los establos y se lleva las yeguas en dirección al mar. Acuden los Bístones, con Diomedes a la cabeza, y entonces Hércules deja las yeguas al cuidado de su favorito Abdero, y él lucha con los Bístones, mata a muchos de ellos incluyendo al rey Diomedes, y pone en fuga a los restantes. Entretanto las yeguas habían devorado a Abdero; Hércules funda allí mismo la ciudad de Abdera, junto al sepulcro en el que entierra a su amigo, y lleva las yeguas a Euristeo. Éste las suelta, y las yeguas se encaminan al Olimpo, donde mueren a su vez devoradas por las fieras.
                  Como noveno trabajo ordena Euristeo a Hércules que traiga el cinturón de Hipólita, reina de las Amazonas.


    Templo de Hércules en Agrigento, Sicilia, Italia fotografiado desde el la estatua de Zeus no observable en la foto.
             
          
                 Hércules se embarca, en compañía de aliados y voluntarios, y tras algunas escaramuzas en Paros (donde da muerte a cuatro hijos de Minos llamados Eurimedonte, Crises, Nefalión y Filolao y toma a su servicio, en compesación de dos de sus compañeros que habían sido asesinados por lo parios, a dos nietos de Minos, hijos de andrógeo, llamados Alceo y Esténelo) y en Misia (donde, en auxilio del rey Lico, combate a los Bébrices y da muerte al rey Migdon, hermano de Ámico, arrebatando a los Bébrices gran parte de su territorio, que regala a Lico, quien le da el nombre de Heraclea), arriba al país de las Amazonas, fondeando en Temiscira.
               Allí acude a visitarle a bordo la reina Hipólita, quien, después de enterarse por el propio Hércules del propósito que le ha traído, le promete darle el cinturón. Mas entretanto Hera, tomando la apariencia de una Amazona, se presenta ante la multitud de éstas y les da falsa noticia de que su reina ha sido hecha prisionera por los extranjeros; las Amazonas entonces se lanzan a caballo contra el navío. Hércules, creyendo que se trata de una emboscada previamente dispuesta, da muerte a Hipólita, le quita el cinturón, y luchando con las restantes Amazonas leva las anclas y se hace a la mar, arribando, no mucho después, a las costas de Troya.
                    Al llegar Hércules, Troya se encontraba afligida por una calamidad sumamente parecida, aunque no en su origen, a la que en Etiopía había remediado Perseo al liberar a Andrómeda, pues también en Troya estaba la hija del rey, llamada Hesíone, encadenada a una roca para ser devorada por un monstruo marino; pero el origen de tal desgracia había sido la perfidia del rey Laomedonte contra los dioses Posidón y Apolo. Habían venido estos a Troya para ponerse al servicio de Laomedonte, ya fuera en figura humana y para probar a Laomedonte, ya sin disimular su condición de dioses y como castigo impuesto por Zeus por haberse rebelado contra él.
                 Pues bien, en el momento de arribar Hércules, Hesíone está, en efecto, encadenada esperando la llegada del monstruo que ha de devorarla. A partir de aquí ya no hay nada de común con perseo-Andrómeda salvo el nudo hecho de que Hércules salva a Hesíone matando al cetáceo y mediante un pacto con el padre de la joven, del mismo modo que Perseo había salvado a Andrómeda matando al cetáceo y mediante un pacto con los padres de Andrómeda; pero todo lo demás es ya netamente diferente: el modo de matar al cetáceo, el contenido del pacto, su incumplimiento por Laomedonte, las consecuencias de este incumplimiento y, rasgo muy destacado, la absoluta ausencia de interés amoroso de Hércules por Hesíone a diferencia de la ardorosa, fiel y duradera pasión conyugal de Perseo por Andrómeda. Hércules, pues, se ofrece a salvar a Hesíone, pactando con Laomedonte que recibirá en recompensa los caballos divinos que en otro tiempo entregara Zeus a Tros, abuelo de Laomedonte, como reparación por el pacto de su hijo Ganímedes. Hércules, en efecto, espera la llegada del monstruo y le da muerte, tras de lo cual libera a Hesíone y se la entrega a su padre, pero, hay otra versión en la que la liberación es anterior a la matanza del monstruo, y después de la matanza Hércules da a escoger a Hesíone entre quedarse con su padre o irse con Hércules, escogiendo la joven esto último, por temor a volver a ser entregada a cualquier nuevo monstruo; tras de lo cual Hércules se la deja en depósito a Laomedonte, juntamente con los caballos, hasta que él regrese con los Argonautas; y es cuando regresa cuando Laomedonte se niega a entregarle los caballos. Hércules por el momento se limita a amenazarlo con la guerra, y se hace a la mar. Y tras algunas escaramuzas en Eno, en Tasos y en Torone, llega a Micenas y entrega a Euristeo el cinturón de Hipólita.
               El décimo trabajo consistió en traer vivas a Micenas, desde los confines del Océano, las vacas del monstruoso Gerión, ser de tres cuerpos que habitaba en Eritía, isla situada junto a lo que después fue Cádiz, junto al océano. Tenía el monstruo los tres cuerpos fundidos en uno desde la cintura para arriba, y bien separados desde las caderas hacia abajo. Sus innumerables vacadas eran pastoreadas por Euritión y guardadas por el también monstruoso perro bicéfalo Orto, hijo de Equidna y Tifoeo.
                Éste es uno de los más largos viajes de Hércules. Hay dos versiones sobre este viaje, en una, lo empieza por Europa, pero pasa después a África, y arribando más tarde Tarteso, en la costa meridional de España, coloca allí, en los confines de Europa y África, como recuerdo de su paso, unas columnas que en lo sucesivo se llamarán las columnas de Hércules. En cambio, en la otra se implica, aunque no necesariamente, que haría todo el viaje por tierra, sin salir de Europa, y durante este viaje este viaje terrestre tiene lugar la aventura de la que resultará el nombre del Pirineo o cordillera pirenaica. En la primera versión, también se cuenta la formación o abertura del estrecho de Gibraltar, estableciendo comunicación entre el Océano y el Mediterráneo. En esta misma versión, se dice que Hércules, entonces, continúa su viaje, recibiendo del sol un calor excesivo, así que apunta con su arco contra el Sol; admirado éste de tanta audacia, le proporciona una vasija de oro que le sirva de embarcación para llegar a la isla de Eritía atravesando el océano. Así lo hace Hércules, llega a su destino, golpea al perro de Orto con la maza, mata al vaquero Euritión, se lleva las vacas, mata también a Gerión, que acude, avisado por otro pastor a rescatarlas, mete las vacas en la vasija de oro, emprende la travesía de regreso y, habiendo llegado a Tarteso, devuelve la vasija al Sol , continuando su viaje, con el rebaño, a pie, por España e Italia en dirección a Grecia.

               Al pasar por Liguria, dos hijos de Posidón llamados Yalebión y Dercino, intentan robarle el ganado y mueren a manos de Hércules. Continúa éste su viaje por Toscana y se da el episodio de Caco, que es de la otra versión. Caco, ser monstruoso, hijo de Vulcano y que respiraba llamas de humo, le roba a Hércules algunas de las vacas y se las lleva, tirándoles de los rabos y haciéndolas así andar hacia atrás, a la cueva donde solía vivir. Hércules descubre el hurto y el lugar donde había escondido Cacolas vacas robadas, y entonces acomete a éste, descuajando los peñascos que formaban el techo de la cueva, y la da muerte, recuperando luego las vacas.
             Continúa Hércules su viaje de regreso a Grecia y llega a Regio, en el extremo meridional de Italia, donde uno de los toros emprende veloz carrera, penetra en el mar y llega hasta Sicilia, hasta el campo de Érix, un hijo de Posidón que reinaba sobre los Élimos, el cual mezcla al toro entre sus propios rebaños.
          Hércules encomienda a Hefesto la guarda de las vacas, y él pasa a Sicilia en busca del toro desmandado, lo encuentra entre los rebaños de Érix y se lo reclama a éste. Érix le desafía a luchar con él, y, tras ser derrotado Hércules tres veces, acaba por dar muerte a Érix. Hércules, después de haber recuperado al toro desmandado, se lo lleva, lo une de nuevo al resto del rebaño de Gerión y se dirige con este rebaño al mar Jónico, que atraviesan arribando a Grecia.  En Gracia se dispersan las vacas por cuasa de un tábano que envía Hera contra el rebaño; Hércules las persigue por las montañas de Tracia; algunas se le escapan definitivamente y se hacen salvajes; las restantes las recupera, las lleva al Helesponto y, por fin, pasando de nuevo por Tracia, logra hacerlas llegar a Micenas y entregárselas a Euristeo, quien las sacrifica en honor de Hera.
           Como undécimo trabajo le manda que traiga las manzanas de oro de las Hespérides. Hércules emprende el viaje y llega al río Equedoro, donde combate con Cicno, hijo de Ares y de Pirene; Ares toma parte en la lucha a favor de su hijo, pero un rayo de Zeus separa a los contendientes. Prosigue su viaje y llega al río Erídano y allí unas Ninfas, hijas de Zeus y de Temis, le revelan dónde se encuentra Nereo dormido. Hércules lo agarra y encadena, sin soltarlo a pesar de que Nereo toma toda clase de formas, hasta que Nereo le indica el sitio donde están las Hespérides y sus manzanas de oro.
            Recorre entonces África, donde lucha con Anteo. Hércules logra vencerlo y darle muerte levantándolo en vilo y cortándole así el suministro de energía que recibía de la tierra. A continuación pasa Hércules a Egipto , donde lleva a cabo un nuevo parergon, al enfrentarse con otro temible enemigo, también hijo de Posidón , Busiris, que era rey de Egipto y acostumbraba a sacrificar a los extranjeros en el altar de zeus, en virtud del oráculo o profecía que le había formulado un adivino de Chipre llamado Frasio, según el cual cesaría la esterilidad que afligía los campos de Egipto si se sacrificaba a un extranjero cada año. Busiris siguió estas instrucciones, empezando por matar al propio Frasio, y continuando con unos cuantos extranjeros que llegaban al país. Hércules da muerte a Busiris.
    Perfil del templo de Hércules en Agrigento, Sicilia, Italia
             Prosigue Hércules su viaje, ahora por Asia, llegando a Termidras, puerto de los Lindios, y después a Arabia, donde da muerte a Ematión, hijo de Titono y de la Aurora. Vueve a África, recibe de nuevo la vasija del sol y sale al Océano. Pasa después al continente inmediato, llegando al Cáucaso, donde realiza la liberación de Prometeo.   Éste, agradecido a Hércules, le hace una revelación, consistente en unas instrucciones, que le serán de suma utilidad para dar cima a este undécimo trabajo que hasta ese momento no había conseguido Hércules ni empezar siquiera, a pesar de tan interminables viajes: le dice cuál es el camino que deberá seguir para llegar por fin a su objetivo, precaviéndole además que no debe ir él mismo hasta el jardín de las Hespérides, sino solamente a presencia de Atlas, a quien deberá convencer de que, dejando mientras tanto descansar la bóveda del cielo en los hombros de Hércules, vaya él a buscar las manzanas. Y aún le da un consejo más Prometeo sobre la manera de engañar a Atlas para que vuelva a cargarse sobre los hombros la bóveda celeste, previendo sin duda Prometeo que Atlas, al verse libre de la carga, no iba a querer volver a sostenerla y trataría de dejar a Hércules con ella encima.
             Hércules cumple puntualmente las instrucciones de Prometeo y llega a presencia de Atlas; y sosteniendo, pues, el cielo sobre los hombros es como se encontraba éste cuando Hércules se le presenta y le convence de que vaya a buscar las manzanas, sustituyéndole Hércules como sostén de la bóveda celeste. Atlas coge en el jardín de las Hespérides las manzanas de oro y regresa con ellas a presencia de Hércules; pero, sintiéndose sin duda muy contento al verse aliviado del peso de la bóveda celeste, se niega a cargársela de nuevo, diciéndole a Hércules que él mismo llevará las manzanas a Euristeo. Y ahora es cuando Hércules hace uso del engaño que la había sugerido y recomendado Prometeo: le dice a Atlas que le sostenga un momento el cielo mientras él, Hércules, se pone una almohadilla en la cabeza. Atlas cae en la trampa: deja en el suelo las manzanas y se carga a hombros el cielo, momento en el cual Hércules coge las manzanas y se aleja a buen paso despidiéndose de Atlas.
               Hay, sin embargo, otra variante que dice que es el propio Hércules quien va al jardín de las Hespérides a coger personalmente las manzanas matando al dragón encargado de su protección.  Pero en las dos versiones, Hércules lleva las manzanas a Euristeo, quien se las regala al propio Hércules; este a su vez se las da a Atenea, quien por último las devuelve a su lugar de origen, por no estar permitido que estuvieran en ningún otro sitio. Y por fin el duodécimo y último trabajo que ordena Euristeo consiste en traer del Infierno a Cerbero, el perro de tres cabezas y una cola de dragón y múltiples cabezas de serpiente en el lomo. Hércules empieza por encaminarse a Eleusis, donde es purificado de la matanza de los Centauros por Eumolpo, y admitido después a los misterios. Marcha luego al extremo meridional del Peloponeso y por una abertura del Tenaro desciende al Infierno.
              Al verle huyen las almas de los muertos a excepción de las de Meleagro y Medusa. A ésta le acomete Hércules con la espada, como si estuviera viva, hasta que Hermes le hace saber que es una mera imagen o sombra. Por su parte Meleagro celebra con él una conversación en la que le exhorta a casarse, a su regreso al mundo de los vivos, con su hermana Deyanira, cosa que en efecto hará Hércules y traerá como consecuencia, aunque no inmediata, su propia muerte. Hércules encuentra, cerca de las puertas del Infierno, a Teseo y Pirítoo, allí encadenados por haber descendido con el propósito de raptar a Perséfone para Pirítoo; Hércules libera a Teseo, pero al intentar hacer lo mismo con Pirítoo se produce un temblor de tierra y Hércules renuncia a su propósito, por lo que Pirítoo permanece para siempre en el Hades, mientras que Teseo volverá al mundo de arriba con Hércules. Queriendo este proporcionar sangre a las almas del infierno, mata una de las vacas de Hades; el pastor que las guardaba, llamado Menetes, desafía a luchar a Hércules, quien le rompe las costillas, pero le perdona la vida a petición de Perséfone.
                Por fin Hércules pide directamente a Plutón el perro que ha venido a buscar; Plutón le autoriza a llevárselo si es capaz de apoderarse de él sin hacer uso de sus armas; así lo hace Hércules, resguardado únicamente por su coraza y por la piel del león, y agarrando a Cerebro no lo suelta, a pesar de ser mordido por la serpiente que éste tenía en la cola, hasta que Cerebro se muestra domado o dispuesto a seguirle. Tras de lo cual emprende, con él y con Teseo, la ascensión, saliendo a flor de tierra por Trecén, llevando a Cerbero a presencia de Euristeo, y volviendo en seguida a llevarlo al infierno, donde lo deja definitivamente.
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