viernes, 11 de mayo de 2012

Vlad Tepes Draculya


Vlad IV nació en una región de Rumania de nombre Valaquia, en el año de 1431. El nombre de Draculya, con el cual Vlad firmó algunos manuscritos en Transilvania, tiene su origen en la Orden del Dragón, fundada en 1418 por el Emperador Segismundo de Hungría. Esta Orden le confirió al padre de Vlad el título de Dracul, y él se sintió tan orgulloso del honor otorgado a su familia, que por eso se proclamó a sí mismo Draculya, que significa “El hijo del Dragón”. Sin embargo, el término Dracul no sólo significa “dragón”, sino que es uno de los nombres con los cuales se conoce al demonio en lengua rumana; de esta forma, Vlad Tepes fue conocido también como “El hijo del demonio”. Probablemente su personalidad cruenta le vino a causa de que pasó casi toda su infancia como rehén de los turcos, y tuvo que sufrir el horror de ver cómo los húngaros torturaban y mataban a su padre y a su hermano, enterrando vivo a aquél y quemando los ojos con un hierro candente a este.
En 1456 empaló a seiscientos sajones; a partir de esta fecha se lo conocería como “El empalador”. También se cuenta que estando un embajador Turco frente a Vlad, argumentando que ningún diplomático de su país se quitaba el turbante en señal de respeto a nadie, él ordenó a sus soldados que clavaran los sombreros en las cabezas de los turcos. En otra ocasión invitó a todos los pobres y enfermos de su feudo a un banquete, únicamente para prenderle fuego al comedor con ellos en el interior. Arguyó después que esa era una forma de acabar con la pobreza.

Ante hechos tan sangrientos, podríamos pensar que Vlad fue un ser odiado y temido por su pueblo, un monstruo. Sin embargo, no todas sus acciones fueron malas, y de hecho en su patria se le tiene como un gran gobernante y conquistador, un auténtico héroe. Vlad se hizo con el trono en 1546 y fue un hábil diplomático, que se centró en la unificación de su pueblo y desmanteló el poder de los boyares (la aristocracia local). Se podría decir que usó la violencia esencialmente como arma política.

Su muerte fue bastante peculiar.
A finales de 1476, durante una batalla contra los turcos, se disfrazó con el uniforme de un soldado turco para poder así inspeccionar las filas enemigas. No obstante, fue descubierto por unos soldados suyos, lo cuales, al ver el uniforme, le creyeron enemigo y le atacaron con flechas. Después de matarle, le cortaron la cabeza, sin darse cuenta en ningún momento de que a quien mataban no era a un enemigo, sino a su capitán.

Cuenta la leyenda que algún tiempo después de su muerte abrieron su ataúd y lo encontraron vacío, y aún corre la leyenda de que Vlad no murió en realidad y algún día, cuando su nación pase por un momento de gran necesidad, volverá para gobernarla de nuevo y conducirla a la victoria.

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